LOS 300K QUE NO FUERON

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Desde hace un par de años que me entró el bichito de hacer 200km en bicicleta. Lo más que había hecho eran 150km, hace varios años, y había quedado destruido (literalmente). Había estado intentando volver a rodar por sobre los 100km, pero no era constante, por lo que tenía que retomar una y otra vez. En septiembre al fin completé los 200km en el aniversario número 2 de Austral Randonneurs, el club que organiza las Brevets acá en Chile.

Ahora, con la experiencia vivida de los 200km, el siguiente paso eran los 300km. Había entrenado un par de fondos para los 200, pero para los 300 tenía que ir un poco más allá, tanto en kilometraje como en desnivel, ya que se tenían que hacer 4.000m de desnivel positivo, lo que hacía aún más duro el desafío. No sólo había que preocuparse de los entrenamientos, sino también del equipo obligatorio que hay que tener para una prueba de esta envergadura: luz delantera de al menos 300 lúmenes (contaba con la Knog Blinder Road 400), luz trasera (Knog MOB) , chaleco reflectante, y todo lo que se debe llevar a una salida larga, como abrigo, bebestibles, comida, herramientas, entre otras cosas.

Una semana antes ya estaba todo preparado. Los entrenamientos ya estaban hechos y ahora quedaba mantener y descansar. A medida que se acercaba el día, la ansiedad y nerviosismo iban en aumento. El día anterior correspondía estudiar la ruta y ver los puntos en los que pararía para comer y comprar comida que no pudiera llevar conmigo. Estaba todo listo y dispuesto, sin embargo la vida diría otra cosa. La tarde anterior, los 300k fueron cancelados. Fueron diversos los factores que jugaron en contra; fue como un mazazo, sobre todo mentalmente, ya que fue lo que más preparé para este desafío; me imaginé cientos de veces haciendo el recorrido, pensando en lo cansado que estaría, pero de todas formas seguiría hasta completar la ruta. Cosas que pasan, así que sólo quedaba olvidar eso y centrarse en lo que venía unas semanas más adelante: la 3ra Brevet 200k de las cuestas. Seguí con los entrenamientos, y mentalizado a que pronto volvería por esos 300k.

Y fue así como llegó el día de los primeros 200k correspondientes al año 2019. Como ya había hecho 200k antes, la preparación de las cosas a llevar la hice rápido; de hecho la noche anterior y parte de la mañana de ese mismo día. Me levanté a las 5.30 am, y a las 6.25 ya estaba saliendo para el punto de partida (que es el mismo para todas las Brevet): el monumento a Manuel Rodríguez, en Parque Bustamante.

A las 7 en punto se dio la partida y el grupo de unos 20-25 randonneurs enfilamos por Vicuña Mackenna hacia el Sur. El ritmo de salida fue frenético durante todo este tramo. A las pocas cuadras el pelotón ya se había fraccionado, y en varios momentos me quedé solo, guardando piernas para lo que se venía mucho más adelante. Nada más comenzando el viraje por Eyzaguirre, que nos llevaría hacia Puente El Toyo, me pilla un grupeto de 4 corredores, al que me pegué de inmediato, y nos fuimos a toda velocidad a por el PC1 que estaba ubicado en Pirque, en el km 45. Habiendo dejado constancia de nuestro paso, seguimos en grupo por los caminos que nos llevarían al PC2 (km 90), que se encontraba en Peñaflor. Este trayecto fue particularmente duro, debido a que dos corredores del grupo que iban delante de mí, chocaron por alcance y se fueron de manera estrepitosa al suelo; más adelante uno de ellos se vio forzado a abandonar. En el PC2 estuve unos 10 minutos, aprovechando de conversar y de comer una barrita.

 

Ya habiendo salido del PC2, venía lo más duro de la ruta: la siempre temida Cuesta Mallarauco. Es una subida corta (3 km aprox.) pero con rampas muy duras, que hacen sentir que uno no avanza. Ya pasada la cuesta, encaraba la rápida bajada y plano que me llevaría al cruce Chorombo (había salido solo del PC2, así que se convertía en una brevet al solitario). En este cruce tuve que parar unos dos minutos a tomar unos sorbos de leche vegetal que había llevado, y que me sirvió un montón para recuperar energías. El siguiente paso era llegar a María Pinto, donde pararía unos 10 minutos a descansar y a comer. Y así fue; me senté en la plaza de esa localidad, que está repleta de árboles y es muy acogedora. Ahora venía la siguiente cuesta del día: Cuesta Barriga. Es una cuesta que conozco bastante bien; es una cuesta tendida, de unos 9 kms, pero para nada dura. Lo duro era el kilometraje en las piernas y el sol que ya pegaba fuerte. Durante la primera mitad me fui conversando con otro randonneur y fue algo muy motivante, ya que ambos queremos hacer más adelante las mayores distancias.

Él se quedó en la cima esperando a un amigo que venía un poco más atrás, y yo me lancé al descenso. Sólo pensaba en llegar al PC3 que estaba en Padre Hurtado (km 178). Llegué a ese punto con mucho calor y con mucha sed. Ya no me quedaba mucho líquido y sólo quería llegar a meta, por lo que salí rápidamente de allí. Lo más duro había pasado, pero faltaba completar los kms finales que siempre son duros. Ya casi llegando al Parque O’Higgins, me había quedado sin líquido y tenía una sed descomunal por lo que el Rey del Mote con Huesillos fue mi perfecta salvación. Allí me zampé ½ litro en un minuto, lo que me dio el aire final para poder llegar a destino.

Fueron 8h30min que demoré en completar los 208 kms de esta Brevet, con una ruta muy variada y entretenida. Recomendado para todos(as) que gustan de pedalear por horas y horas y de conocer nuevos lugares.

Los próximos desafíos que se vienen son 300k en Enero, 400k en Febrero, y los temidos 600k en Abril.

Tenemos Brevets para rato en Chile!

La disciplina del UltraCiclismo llegó para quedarse!