Travesía Santiago – Horcón

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Habían pasado largos 11 años desde que hice una ruta similar; en ese entonces (2007) lo hice desde Horcón hasta Santiago, por la ruta 5, y en una bicicleta de MTB. Ahora sería desde Santiago hasta Horcón, pero evitando la ruta 5, y pasando por Cuesta La Dormida.

Llevaba varios meses planeando la ruta, y Septiembre era el mes escogido para llevarla a cabo; así fue como el viernes 21 a las 9 am estaba dando comienzo a esta travesía que me llevaría a la costa central de Chile.

Lo primero que había que hacer era sortear el tráfico de la mañana, por lo tomé la caletera de la ruta 5 hasta el empalme a Quilicura, donde seguí por Américo Vespucio hasta Camino Lo Echevers, donde ya se dejaba la ciudad atrás, y con ellos el tráfico. En este punto llevaba alrededor de 25 kms y comenzaba a pedalear por lugares en los que nunca lo había hecho antes. Largas rectas me llevarían a pasar por Lampa y después un continuo zigzaguear por las faldas de la Cordillera de la Costa me acercaría a Til-til.

Saliendo de Til-til comenzaba lo que era el desafío del día: Cuesta La Dormida. Sólo la conocía por su perfil de altimetría y porque decían que era dura, pero eso poco importaba en esos momentos, ya que había que escalarla si o si para poder seguir a destino. Fueron 11 km de subida constante con algunas rampas más empinadas que hacían aún más dura la subida. Todo ese esfuerzo en medio de un tupido bosque esclerófilo en la cara sur de los cerros; por otro lado, en la cara norte dominaba el matorral y grandes colonias de cactáceas y puyales. Llegué a la cima fundido por el intenso calor que tocó ese día y eso que recién iba en el km 65. Acá paré a descansar unos minutos y aproveché de comer una barrita y tomar algo de leche vegetal.

La bajada era larga y vertiginosa, descendiendo casi 1.000 metros de desnivel en unos 15 km. Sin duda un descanso para las piernas, pero no así para los brazos, ya que hay muchas curvas cerradas y el pavimento no es tan bueno, lo que se traduce en impactos que reciben las manos y brazos. Luego de esa gran bajada es casi todo un llano que pica para abajo, pasando por las afueras de Villa Alemana, hasta llegar a Limache (km 100). En Limache aproveché de descansar otro poco y de verificar en el mapa del celular si es que iba bien. Desde Limache hasta el camino que va a Concón, hay algunas subidas que se hacen un poco duras, pero ya se siente la brisa costera que recarga de energía para afrontar el último tramo.

La llegada a Concón se me hizo eterna por varios factores: constante sube y baja, viento en contra y cansancio, por lo que nada más llegar a la rotonda de Concón, me tiré en el pasto y me tomé todo el bebestible que me quedaba. Ahí me quedé cerca de 30 minutos, disfrutando del sol y de la brisa marina que era muy intensa. Ya eran las 3 de la tarde y me quedaban los últimos 30 km por el borde costero. Desde aquí hasta Horcón es una ruta muy hermosa, pasando por las Dunas de Concón y con el mar de fondo; también es una ruta rompepiernas, en un sube y baja constante. Llegando a Ventanas, la ruta ya estaba casi completada, y no se podía hacer otra cosa que pensar en la contaminación que generan esa cantidad de empresas que rodean toda esa zona.

Cerca de las 17 horas llegué al fin a Horcón. Alrededor de 8 horas de pedaleo y 170 km de ruta, que me dejaron exhausto. Ahora sólo quedaba comer, estirar y descansar para lo que se venía ese mismo fin de semana. Pero eso corresponde a otra columna que se viene pronto.