BREVET 200km: primer encuentro con las pruebas de fondo (y próximamente de ultrafondo)

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El despertador sonaba a las 5.30 y no sabía qué estaba pasando; unas horas atrás estaba en Cuesta La Dormida acompañando, en un punto de abastecimiento, a unos amigos que se encontraban corriendo 100 kms en cerro. Con suerte dormí unas 3 horas, y al momento de despertarme no tenía ganas de nada. Por un momento dudé de ir a los 200km, pero eso quedó atrás de inmediato, dando paso a la alegría de que el día había llegado. Comí una manzana y un plátano, ordené mis cosas, y siendo las 6.25 salí a la madrugada capitalina de día domingo; hacía frío per estaba rico para pedalear, además de no haber un alma en las calles.

A las 6.45 ya estaba en el punto de encuentro (Parque Bustamante con Irarrázaval), donde había ya cerca de 50 ciclistas. Hice la fila para que timbraran la salida en la tarjeta de ruta (que posteriormente había que timbrar en cada Punto de Control), y lo demás era esperar la salida. Seguían llegando ciclistas a cada minuto, y algunos minutos pasadas las 7 se dio la partida. Los primeros kilómetros íbamos todos juntos, como en una cicletada, pero nada más llegar a Camino a Melipilla, el pelotón comenzó a estirarse debido al ritmo. Ahí es cuando me pegué al grupo de cabeza, que seguía aumentando el ritmo con el paso de los kilómetros. Llegando a Peñaflor, el frío hizo acto de presencia, y a medida que avanzábamos se hacía cada vez más intenso, por lo que mis manos a este punto ya iban casi congeladas. Tenía que batirlas a cada rato y ponerlas en mi boca para echarles aire caliente. Nada de eso era suficiente, y veía a muchos batiendo sus manos para hacerle frente al frío.

Pasamos Talagante, El Monte, y Melipilla estaba cada vez más cerca, al igual que la salida del sol, que todos esperábamos con ansias para poder calentarnos. Entramos a Melipilla con el sol asomándose por entre la cordillera y llegamos al PC1 en el km 70,8: Gimnasio Municipal Alberto González Godoy; éramos un grupo de unos 30 corredores que aprovechamos esta primera parada para comer, tomar algo caliente y pasar al baño. Eran cerca de las 9.25 y partimos unos 10 corredores para seguir en ruta.

El sol ya calentaba sobre nuestras cabezas, lo que era un gran alivio, sobre todo para las manos. El ritmo hacia Cholqui fue vivo en todo momento, por lo que había que mantenerse concentrado en todo momento. Esta parte de la ruta es hermosa, con un camino en excelentes condiciones y con muy pocos autos transitando. Nos acercábamos a la Reserva Natural Altos de Cantillana, y los cerros estaban repletos de bosque esclerófilo y de puyales inmensos. A falta de unos 10 kms para la Cuesta Cepillo me descolgué de la cabeza y me quedé solo pedaleando. En ese momento pude disfrutar mucho más del paisaje que me reodeaba. Llegando a la base de la cuesta, y donde empezaban los 7 kms de tierra, estaban los de cabeza, tomando un aire y estudiando las condiciones del camino de tierra. Acá conversamos un poco, estiramos piernas y nos dimos ánimo para lo que se venía. Los primeros metros eran algo complicados, con mucha piedra suelta, pero a medida que avanzábamos la tierra se hacía más compacta, el camino más angosto y se asomaban algunas rocas. En este punto todo era espectacular, ya que íbamos en medio de un bosque denso, por un camino para mtb, pero ahí estábamos, en rutera.

La subida no era demasiado dura, salvo algunos repechos, pero lo maravilloso del lugar hace olvidar cualquier esfuerzo. Pasados los 5 kms de subida, se venía el tramo más complicado a priori: la bajada de 2 kms de tierra. Y así lo fue. Fueron 2 kms de tierra y piedras sueltas muy complicados para rutera. En un momento tuve que soltar un pie y bajar casi caminando, ya que la pendiente y las piedras eran demasiadas. Al terminar esa bajada, pude relajarme, ya que la tensión por mantener el equilibrio y apretar los frenos fue mucha. Ahora sólo quedaba llegar al siguiente punto de control, ubicado en Pintué.

Km 117,5 y llegaba al PC2 junto con otro rutero. Acá aproveché de comerme una mitad de pan con milanesa de soya y de tomar agua, además de descansar unos minutos. Ya quedaba menos de la mitad, así que partí con el ánimo muy arriba y con buenas sensaciones físicas. A estas alturas ya iba sólo en ruta, así que me dediqué a mantener un ritmo cómodo para afrontar los kms que se venían: una larguísima recta en falso llano que nos llevaría a Pirque. Este tramo ya lo conocía, lo que me ayudó a llevar un buen ritmo y a mantenerme concentrado. Cuando iba por el km 145, un dolor de rodilla (derecha) me empezó a inquietar, por lo que me detuve un momento para estirar la rodilla y para tomar leche de almendra; todos los fantasmas de las lesiones se vinieron a mi cabeza por unos minutos, pero no deje que me afectara y me repuse a los pensamientos y al dolor, que algunos minutos después pude mantener a raya, ya que de alguna forma u otra tenía que volver a Santiago.

Ya en Pirque, no quedaba casi nada para completar el desafío, por lo que había que seguir con las fuerzas que quedaban. Cerca de las 3 de la tarde llegué al PC3 (km 185,3) en Pirque, donde descansé unos 5 minutos y aproveché de comer una barrita y de tomar un slurp de fruta. Salí motivado y mentalizado en afrontar los últimos kms por Vicuña Mackenna, que fueron rápidos, ya que hacia el centro es de bajada. Ya en Vespucio me topé con un rutero, y nos fuimos conversando hasta el final de la ruta (km 208,7), ubicado en Antonio Varas.

La Brevet estaba completada! Ahí compartimos experiencias y recargamos con buena comida. Gracias totales a Austral Randonneurs por la organización y todos los que participaron por la buena onda. Nos vemos en los 300km el 20 de Octubre!